¿Hablan griego los memes? Abre TikTok, haz scroll en X o piérdete en los recovecos más oscuros de Reddit. Entre un gato bailando y una reseña de street food, tarde o temprano te cruzas con él: un muñecito de palitos que empuja un enorme pedrusco cuesta arriba por una montaña empinada, acompañado por el rótulo «Yo terminando de responder todos los correos del trabajo a las 17:59, solo para ver llegar una notificación nueva a las 18:00». De fondo, la consabida música synthwave melancólica y la legendaria cita de Albert Camus: «Hay que imaginar a Sísifo feliz».
O te topas con la viñeta en la que el Caballo de Troya lleva en el flanco la etiqueta «FACTURA_URGENTE.pdf.exe», con los ciudadanos troyanos en plena celebración en el papel de tu sólida ingenuidad digital. O también cientos de variaciones sobre Ícaro, que «vuela demasiado cerca del sol», usadas para burlarse del dueño de alguna startup de criptomonedas quebrada en el plazo de veinticuatro horas.
En plena era de la inteligencia artificial, de los algoritmos predictivos y de la física cuántica, los lenguajes visuales más pop e inmediatos siguen alimentándose a manos llenas de los relatos inventados hace tres mil años por un puñado de pastores, cantores ciegos y aristócratas de la Grecia arcaica. La Gen Z y los Millennials, aunque no recuerden de memoria la diferencia entre una declinación latina y un aoristo griego, usan la mitología clásica como un diccionario universal de reactividad emocional.
Los griegos no inventaron solo la democracia y la filosofía: inventaron la propia infraestructura del meme. Hoy tratamos de entender por qué Homero y Ovidio fueron los mayores creadores de contenido de la historia y por qué los mitos griegos seguirán siendo la fuente inagotable de todos los modelos de la cultura digital.
1. La definición filológica de meme: la lección de Richard Dawkins
La palabra meme no nació en los pasillos de Silicon Valley. La acuñó en 1976 Richard Dawkins, un biólogo evolucionista, en su texto fundamental El gen egoísta1.
Dawkins buscaba una palabra para definir la unidad mínima de transmisión cultural, el equivalente cultural del gen en biología o del fonema en lingüística. Quería un término que recordara a la palabra griega mímesis2, que significa «imitación», «reproducción», pero que fuera breve y pegadizo como gen. Así nació el término meme, con la misma ambición que su modelo: sobrevivir copiándose.
Así pues, un meme es una idea, un comportamiento, una frase o una imagen que se propaga de mente a mente por imitación y variación. En la práctica, se vuelve viral. Los memes más fuertes, exactamente como los genes mejor adaptados, sobreviven en los siglos porque poseen tres características precisas:
- Fidelidad de copia (son fácilmente reconocibles y replicables);
- Fecundidad (se difunden rápidamente en contextos distintos);
- Longevidad (resisten al paso del tiempo).
Los mitos griegos son, en el sentido más estrictamente dawkinsiano, los memes más logrados de toda la historia humana. Son narraciones modulares, codificadas con imágenes plásticas e indelebles, nacidas en la oralidad de la tradición aédica (piensa en los cantores que repetían las fórmulas homéricas de feria en feria: los eslóganes de la época) para ser continuamente leídas, modificadas, readaptadas y sampleadas en cada generación. La mitología clásica fue el primer software open source de la mente humana.
2. Sísifo, el emblema de lo que hay que rehacer
El canto XI de la Odisea, cuando Ulises baja al Más Allá, ofrece una de las descripciones más angustiosas y físicas del castigo eterno:
Vi de igual modo á Sísifo, el cual padecía duros trabajos empujando con entrambas manos una enorme piedra. Forcejaba con los pies y las manos é iba conduciendo la piedra hacia la cumbre de un monte; pero, cuando ya le faltaba poco para doblarla, una fuerza poderosa hacía retroceder la insolente piedra que caía rodando á la llanura. Tornaba entonces á empujarla, haciendo fuerza, y el sudor le corría de los miembros y el polvo se levantaba sobre su cabeza.3
Este rey de Corinto, reo de haber engañado a la Muerte (Thanatos) y de haber soltado los secretos de Zeus, se ha convertido en el santo patrono de los memes contemporáneos porque representa visualmente el concepto de futilidad sistémica.
En el siglo XX, el filósofo existencialista Albert Camus, en su célebre ensayo El mito de Sísifo4, lo ascendió a imagen de la condición humana: el héroe del Absurdo, el hombre moderno atascado en la rutina alienante del trabajo de oficina y de la falta de sentido.
Pero la cultura de internet ha hecho que Sísifo dé un salto más en calidad pop. Hoy Sísifo es el meme definitivo de la burocracia, de los videojuegos Roguelike (donde mueres y vuelves a empezar mil veces) y de la gestión de la vida doméstica. ¿Limpiar la cocina solo para verla sucia al día siguiente? Es Sísifo. ¿Reparar un bug en el código solo para ver aparecer otros tres? Es Sísifo. ¿Responder los correos? Es Sísifo.
El meme funciona porque condensa una frustración psicológica universal en una única imagen dinámica. No hace falta una lección sobre la teoría del Absurdo: bastan el hombrecito y la piedra. Quien mira la pantalla se reconoce en un milisegundo, y se ríe.
3. El caballo de Troya: la metáfora visual del «troyano» informático
Si pasas al canto II de la Eneida de Virgilio, te encuentras ante la crónica de la mayor operación de ingeniería social y phishing de la antigüedad. Los griegos fingen zarpar y dejan en la playa un caballo de madera gigantesco y un desertor con la historia justa: una ofrenda votiva a Atenea para garantizarse el regreso a la patria.
El sacerdote Laocoonte lo ve de otra manera y grita la famosa frase «Timeo Danaos et dona ferentes» («Temo a los dánaos incluso cuando traen regalos»5), pero nadie le hace caso. El caballo es arrastrado dentro de las murallas entre grandes cánticos y festejos. Esa misma noche, los guerreros salen de la barriga del monstruo de madera y abren las puertas de la ciudad al resto del ejército.
El Caballo de Troya es una fábrica inagotable de memes porque es el modelo conceptual perfecto de cualquier amenaza disfrazada de regalo.
En los años ochenta y noventa, la seguridad informática tomó prestado literalmente el término mitológico para definir los malware que se esconden dentro de programas aparentemente inofensivos (los virus troyanos, precisamente). Hoy, la cultura de los memes ha ampliado el radio de acción:
- El nivel psicológico: «Yo que decido salir por una cerveza tranquila» es el caballo; la segunda cerveza, la ronda de chupitos y el orujo «para hacer la digestión» son los soldados que bajan de la barriga mientras la ciudad está sepultada por el sueño y el vino; los remordimientos del día siguiente entran al amanecer con el resto del ejército y encuentran las puertas ya abiertas.
- El nivel biológico: la intolerancia a la lactosa al acecho detrás de un delicioso helado de caramelo salado.
- El nivel social: el gato que entra en casa desde fuera pareciendo adorable, para luego revelarse un destructor de cortinas y sofás.
La fuerza del meme reside en su estructura bipartita: un envoltorio tranquilizador fuera y un contenido devastador dentro. La antigüedad confeccionó el envase estético perfecto; a nosotros nos basta cambiar las etiquetas para adaptarlo a nuestras neurosis cotidianas.
4. Ícaro y la hibris castigada por el algoritmo: volar demasiado alto para caer mal
Ovidio, en el libro VIII de las Metamorfosis, cuenta la historia de Dédalo, un ingeniero acorralado, y su hijo Ícaro, encerrados en el Laberinto de Creta por el rey Minos. Dédalo, como verdadero pionero de la tecnología, construye dos pares de alas con plumas de ave y cera de abejas.
Antes de emprender el vuelo, el padre le da al hijo una instrucción técnica bien precisa, que es una lección de moderación (el clásico mēden agan, «nada en exceso», grabado en el templo de Delfos):
Vuela a media altura, te lo ruego, de modo que, si desciendes demasiado, la humedad no agobie tus plumas, y que, si te elevas demasiado, no las abrase el sol.6
Ícaro, cegado por el vértigo del vuelo y la presunción juvenil, ignora el consejo de su padre. Sube cada vez más alto, hacia el sol. La cera se derrite, las plumas se desprenden y el muchacho se precipita al Egeo dando su nombre a aquel tramo de mar.
En la cultura moderna, «volar demasiado cerca del sol» se ha convertido en el meme de referencia de la parábola autodestructiva del ego. Cada vez que un personaje público, un influencer o un empresario arrogante pretende más de la cuenta y cae estrepitosamente en desgracia por un tweet equivocado o una operación financiera arriesgada, internet reacciona publicando imágenes de Ícaro cayendo con las alas en llamas.
Ícaro es el meme de la hibris castigada por el algoritmo. Representa ese momento exacto en el que el éxito se te sube a la cabeza, pierdes el contacto con la realidad y la gravedad de la vida pasa su factura con intereses.
5. Aby Warburg y las fórmulas de la emoción humana
Hay una explicación filosófica e histórico-artística todavía más profunda del dominio de la mitología sobre nuestra estética visual. El historiador del arte alemán Aby Warburg7 dedicó su vida a estudiar cómo las imágenes de la antigüedad clásica regresan cíclicamente en el arte renacentista y moderno.
Warburg acuñó el concepto de pathosformel («fórmula de pathos» o «fórmula emotiva»). Según Warburg, los artistas de la antigüedad inventaron posturas corporales, gestos y rostros asombrosos capaces de cristalizar una emoción humana extrema: el terror ante la muerte, el dolor del duelo, el éxtasis del amor, la rabia ciega.
Estas «fórmulas emotivas» se imprimen en la memoria colectiva de la humanidad como marcas a fuego. Y cuando una cultura posterior necesita expresar esa misma emoción, no inventa una imagen desde cero: reactiva la pathosformel antigua.
Una plantilla de meme es una pathosformel en formato digital y degradado: comprimida, repetible, pero con el mismo mecanismo. Algunos ejemplos del catálogo:
- La desesperación del guerrero vencido es la estatua del Laocoonte o el rostro del Gladiador Moribundo;
- La obsesión narcisista y la trampa de la autoexposición es el mito de Narciso8, que se contempla en el agua hasta morir, exactamente como nosotros nos contemplamos en la pantalla negra iluminada del smartphone;
- La maldición de quien ve la verdad pero no es creído por nadie es Casandra, la profetisa troyana condenada por Apolo, hoy convertida en el meme de cualquiera que intente poner en guardia a los usuarios sobre un desastre inminente y acabe ridiculizado en los comentarios.
Los mitos clásicos sobreviven en los memes porque ofrecen esquemas emocionales precalentados. Nuestra mente los reconoce en un milisegundo porque forman parte de nuestro software cultural básico.
Por eso no debemos mirar los memes mitológicos con condescendencia, como si fueran una devaluación pop de la cultura alta. Al contrario: que un chico de veinte años logre expresar su frustración por un examen universitario o por un turno de trabajo usando a Sísifo, el caballo de Troya o Medusa es la prueba de que la mitología griega está viva, lozana y en plena forma.
La mitología como meme definitivo de la condición humana
Los griegos no escribían historias para ser conservadas en museos ni para ser leídas solo en las aulas universitarias. Los mitos eran materia dinámica, elástica, teatral, destinada a ser transformada, parodiada y reescrita por cada trágico, comediógrafo o ciudadano con una idea.
Quizá incluso Homero, al ver sus historias convertidas en gifs animados, sonreiría satisfecho desde el Más Allá pensando que, a fin de cuentas, su metis ha vencido una vez más.
Notas
- Richard Dawkins, El gen egoísta (ed. or. The Selfish Gene, 1976); la teoría de la transmisión memética se expone en particular en el capítulo 11, dedicado a los memes. ↑
- El Diccionario de la lengua española (RAE-ASALE) recoge «meme» como «palabra acuñada en 1976 por R. Dawkins, biólogo inglés, sobre el modelo de gene ‘gen’ y a partir del gr. mímēma ‘cosa que se imita’» (dle.rae.es). ↑
- Homero, Odisea, canto XI (el castigo de Sísifo). Los versos citados son de la traducción de Luis Segalá y Estalella (1908; texto completo en Wikisource). ↑
- Albert Camus, El mito de Sísifo (1942). ↑
- Virgilio, Eneida, II, v. 49; la versión española es la formulación tradicional. ↑
- Ovidio, Metamorfosis, libro VIII; los versos citados son una traducción directa del original latino. ↑
- Aby Warburg (1866-1929), Atlas Mnemosyne (ed. Nino Aragno). ↑
- Ovidio, Metamorfosis, libro III. ↑


